¿Recuerdas cuando eras niño y te subías a los árboles?
Esa sensación de estar en un lugar especial; subir cada vez más alto, asegurar primero un pie, luego una mano para saltar de una rama a otra; para encontrar por fin un hueco donde sentarte... Mirar a lo lejos, ver todo lo que te rodea, imaginar lo que quieras sin ruidos, sin que nadie te moleste, ni interfiera en tus pensamientos…