El arte de enamorar: WIN-WIN

Todas las empresas tienen un valor que las posiciona: el precio, la calidad, la experiencia…; sin embargo, existe un principio fundamental que hace preferible a una empresa: la capacidad de enamorar al cliente.

Win-Win

Me explico: posicionarse en cuanto a precio, por ejemplo, es una buena estrategia; sin embargo, y más en esta era de crisis, puede ocurrir que la competencia haga un esfuerzo y te desbanque; en cambio, si el cliente no solo está satisfecho con la agencia sino que está enamorado de ella, es difícil que la supla ningún competidor.

 

Hay que tener cierto arte para enamorar al cliente, sí; pero tampoco es un don propio de unos pocos. Tratemos de ver al cliente como la persona que es, no como una fuente de ingresos. Trabajar bajo este punto de vista nos llevará a desarrollar nuestra habilidad para transmitir pasión, empatía, darle ese punto de confianza y complicidad no invasivo, ser resolutivo y hacer lo posible por él, sin olvidar lo que es: EL cliente. Único y exclusivo en cada caso.

 

Incluir esta cuestión emocional básica en nuestra forma de trabajar también nos hace líderes y no genera ni una inversión económica ni un coste. Todo son ventajas: el cliente gana y nosotros también.

 

Él gana porque se siente ayudado, comprendido y reconfortado… y nosotros ganamos porque él mismo nos pone a un nivel de consejeros que nos facilita el camino cuando se trata de negociar, de tomar decisiones o de proponer ideas. Adicionalmente, el sentimiento interno es de absoluta satisfacción, por tener un cliente que realmente confía en nosotros y en nuestra forma de hacer las cosas.

 

En nuestro sector, no basta con que el evento haya sido un éxito; nuestra misión es que nuestra relación con el cliente haya sido estrecha y de máximo entendimiento durante todo el camino previo, de forma que el evento sea la consecuencia natural de un proceso de conquista desde el inicio de la relación.

 

Y es que ser apasionados nos hace competentes.