Tuve la suerte empezar a trabajar en el mundo de los eventos dentro de la empresa familiar, Equip Tatjer, que entonces se encargaba de organizar todos los eventos públicos del COOB, el comité organizador de los Juegos Olímpicos de Barcelona ‘92.
Los más importantes fueron la Ceremonia de Llegada de la Antorcha Olímpica, primero a Empúries (el 13 de junio) y finalmente a Barcelona (el 24 de julio). Ese fue mi gran aterrizaje en macro-eventos. No sé si el tema de la producción se llevará o no en los genes, pero después de ver a mi madre de cerca dirigiendo, mandando, coordinando, dialogando, superando baches… ¡tuve muy claro a qué me quería dedicar!
Cuando ahora miro atrás en el tiempo me cuesta entender cómo pudimos conseguir que todo saliera bien con los pocos medios de los que disponíamos. Algunos no lo entenderéis, porque para entonces ni siquiera habíais nacido: hablo de un mundo sin internet, sin Google, sin móviles, sin portátiles… Solo teníamos walkies (¡menos mal!) y muchísimo personal.
Aunque en realidad sí que sé cómo lo logramos: funcionando como un gran equipo, una gran familia, y con un entusiasmo y una energía que podía con todo y más.
El evento tenía un escenario natural de más de 2 km2, y abarcaba toda la Playa de Sant Martí d’Empúries, ruinas griegas incluidas. Allí debíamos incluir más de diez actuaciones, en complicados escenarios donde había que tener mucho cuidado porque estábamos en un espacio milenario, donde cada piedra está catalogada. Y eso implica que todo se trasladaba a mano, porque no se permitía el acceso a ningún tipo de vehículo. ¡Ha sido, hasta la fecha, el mayor escenario con el que me he tenido que enfrentar!
Para coordinar y organizar todo el evento disponíamos solo de dos ordenadores Apple Classic, el más pequeño de la gama entonces. Apenas una disquetera y pantalla en B/N, pero al fin disponíamos de una hoja de cálculo que nos abrió las puertas a infinitas posibilidades. Eso sí era facilitar nuestro día a día: desde hacer listados de todo tipo (que hasta poco antes hacíamos aún a máquina de escribir), hasta poder llevar un control exhaustivo de los larguísimos presupuestos. Una manera un poco arcaica vista desde hoy, pero que nos permitía actualizar las muchísimas versiones de escaletas y guiones de todos los artistas (más de 100 en Empúries).
Los trabajos de preparación del evento empezaron un año antes de la llegada de la antorcha. Eso implicaba centenares de reuniones para consensuar el equipo de trabajo y equipo artístico, para luego lograr persuadir al COOB de lo que íbamos a hacer. Una tarea nada fácil.

Estuvimos trabajando in-situ durante trece días, las más de 900 personas (entre equipos técnicos, artistas venidos de toda Catalunya, staff propio y externo de producción, fuerzas y equipos de seguridad…), pero estábamos completamente coordinados. Había reuniones de seguimiento interminables a diario, cada una con su coordinador jefe: frente a nosotros los planos de la zona, que cambiaban de color rápidamente según el tema a tratar (verde para los artistas, azul para TVE, el rojo para protocolo, amarillo para seguridad…).
Para realizar el montaje y ensayos, trabajamos esos trece días bajo intensas lluvias estivales. ¡Imaginad! Llegamos a consultar la previsión meteorológica, pero no en un iPhone como ahora: ¡pagando una fortuna por unos informes de previsión directamente de la NASA! Necesitábamos prever con claridad qué tiempo nos encontraríamos el día de la llegada de la antorcha, porque todo el espectáculo era al aire libre, y encima se emitía en riguroso directo por TVE, con la asistencia de todas las autoridades: COOB, COI, etc.
El último parte de la NASA anunció lluvia para el 13 de junio. No obstante, los pescadores de l’Escala insistían en que podíamos estar tranquilos, que no iba a llover. Confiamos más en el conocimiento de la zona que en los satélites, y seguimos apostando por hacer el evento al aire libre. Y, finalmente, no llovió. ¡Menos mal! Si hubiera llovido, no había un “plan B”. Bueno, si teníamos algo previsto… pero no lo voy a desvelar.
Muchísimo tiempo de preparación para evitar que se nos pasara nada por alto, procurar que todo estuviera cuidado al más mínimo detalle, y sortear los mil y un problemas que surgían día a día. En Empúries vivimos trece días mágicos, alojados en un hostal que se caía de viejo, del que nos apropiamos para montar nuestro centro de operaciones. Y con una sola línea de teléfono, que debíamos dejar libre para llamadas importantes. Nada de cobertura para móviles.
Pero todo salió bien: en la retina de la gente quedó grabada la imagen de nuestra “sirenita” portando el fuego que llegaba desde Grecia. Por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos modernos llegaba de nuevo a otra “ciudad griega”, como era Empúries. Barcelona ’92 marcó la organización de los Juegos en muchas cosas.
Fue un gran éxito, el primero de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Salió más que bien. ¡Lo logramos! Fue un logro colectivo, pero también un reto superado a nivel personal. Supuso mi Master en Producción de Eventos. Y quedé con la sensación de que si había superado aquello, ¡no hay nada ni nadie que pueda conmigo!
Como premio, al finalizar el desmontaje de la antorcha, mi madre y yo pudimos vivir ya más relajadas la noche más emocionante y mágica que he vivido jamás: la Ceremonia Inaugural de los Juegos Olímpicos en el Estadi Olímpic. Nunca me había sentido tan orgullosa de ser catalana como aquel año: conseguimos llegar al mundo entero con una ceremonia espectacular, llena de momentos emotivos, que dejó atónito al mundo entero. Sigo guardando mi ‘Olympic Kit’ de esa ceremonia, porque no la quiero olvidar jamás.
Y ahora, cada cuatro años, veo las otras ceremonias inaugurales por televisión. Y las analizo, supongo que por deformación profesional. Y recuerdo cómo fue la nuestra, mi gran estreno. También cuando organizamos un evento ahora, a veces recuerdo con qué medios trabajábamos entonces. Visto con la perspectiva de los años, aquél fue un evento enorme pero inolvidable, duro y agotador como pocos eventos he vivido hasta ahora. Demasiados frentes abiertos con los que enfrentarnos, demasiados interlocutores con poder de decisión… y un largo etcétera de anécdotas que no caben ya en este artículo.
Twitter: @annadlt

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